lunes, 8 de febrero de 2010
Penélope (...y alrededores)
Este es un post de carácter especial en el que, además de una canción, analizamos toda una temática. En el propio post sólo se puede escuchar la canción que le da título, pero el resto de ellas enlazan con reproductores desde los que podréis escucharlas, siempre bajo vuestra responsabilidad.
En la Odisea de Homero Penélope, aguarda durante largos años el retorno de Ulises, que demora su regreso en cientos de aventuras de toda índole. El tiempo no transcurre de igual forma para la una que para el otro. Ulises evoluciona y envejece con las experiencias, pero para Penélope el tiempo parece como si apenas transcurriera.
Este mismo esquema "Penélope-Ulises" lo podemos encontrar en un gran número de relatos, novelas, películas y por supuesto en canciones, tratado con mayor o menor fortuna y con variaciones de todo tipo. Como cabe esperar, desde estas líneas me fijaré únicamente en las canciones que, de alguna manera, adoptan este patrón, y por supuesto sólo en un ramillete de ellas.
La más fiel al texto clásico de todas las que he seleccionado, y la que en realidad da origen a este post es ‘Penélope’, canción que data de 1969, y que fue escrita por el genial Joan Manuel Serrat, con música de Alberto Algueró. ‘Penélope’ puede interpretarse como una relectura del relato de los reyes de Ítaca, si bien con un final más triste que el del clásico de Homero. Doblemente triste, me atrevería a decir. Porque si, por un lado, interpretamos que el viajero de la canción es un Ulises que corre mil aventuras sin, en realidad, poner empeño en el regreso, la desolación es grande por la pobre Penélope cuya juventud se ha marchitado esperando al amado; y que a la hora del reencuentro, es incapaz de reconocer al hombre experimentado que regresa, esperando como espera a un muchacho, el que la dejó aguardando en un banco de la estación. Pero si, por el contrario, la prolongada ausencia del amor de Penélope no es intencionada sino que responde a fuerza mayor (se que resulta difícil, pero por una vez pensemos bien de este pobre hombre), la tristeza es doble, por ella y por él que además es consciente de la perdida que este desenlace supone para ambos.
Con posterioridad a ‘Penélope’ se han escrito más canciones que tratan este mismo tema o uno parecido, pero da la impresión de ser todas herederas de esta genial obra y en algunos casos distorsionar o degenerar el mensaje de la misma tomando como principal lo que en el original podría ser accesorio. Esta distorsión consiste a mi parecer en tratar al personaje de Penélope como si estuviese loca. Pero no nos engañemos, Penélope no está loca, el que regresa, efectivamente, ya no es el que se fue. El tiempo y las experiencias vividas lo han cambiado de manera definitiva.
Así tenemos, y continuamos por riguroso orden cronológico, ‘La llamaban loca’ de José Luís Perales, popularizada por el grupo vocal Mocedades allá por el año 1982. No se ajusta tanto al patrón Penélope-Ulises que sirve de excusa para este texto, pero me he decidido a incluirla por dos razones. La primera porque el eje conductor de la historia es la mujer que aguarda el regreso de su amor (aunque aquí en realidad no queda del todo claro que se trate de un abandono al uso). Y segundo, porque como adelanta el título, aquí se habla claramente de la locura a la que le lleva la espera.
Pues bien, el resto de canciones están compuestas por una mezcla en distintas proporciones de ‘Penélope’ y ‘La llamaban loca’. Desde ‘Lady lady’ de 1984 que es descaradamente parecida al tema compuesto por Perales pero con una letra en ocasiones sonrojante. Hasta 'En el muelle de San Blas' (1997), que se aproxima más a ‘Penélope’ pero sin conseguir un final tan triste e introduciendo el factor locura. Pasando por ‘Naturaleza muerta’ (1991) de unos Mecano a los que se les estaban agotando las ideas (parecen querer repetir el patrón de ‘Hijo de la Luna’ de pretendida leyenda popular), y en la que sólo el personaje femenino responde al patrón que estamos planteando.
Con mayor o menor fortuna pasan todas estas composiciones por el tema de la espera del ser amado. Mención aparte merece la última de las canciones que se aproximan a la figura de Penélope. Se trata de ‘Cuando hay amor’ de Peña Suazo y la Banda Gorda (1999) en la que por fin Penélope se reencuentra con su amor y son felices y comen perdices. Enhorabuena a estos grandiosos artistas por dejarles vivir su amor como es debido.
En la Odisea de Homero Penélope, aguarda durante largos años el retorno de Ulises, que demora su regreso en cientos de aventuras de toda índole. El tiempo no transcurre de igual forma para la una que para el otro. Ulises evoluciona y envejece con las experiencias, pero para Penélope el tiempo parece como si apenas transcurriera.
Este mismo esquema "Penélope-Ulises" lo podemos encontrar en un gran número de relatos, novelas, películas y por supuesto en canciones, tratado con mayor o menor fortuna y con variaciones de todo tipo. Como cabe esperar, desde estas líneas me fijaré únicamente en las canciones que, de alguna manera, adoptan este patrón, y por supuesto sólo en un ramillete de ellas.
La más fiel al texto clásico de todas las que he seleccionado, y la que en realidad da origen a este post es ‘Penélope’, canción que data de 1969, y que fue escrita por el genial Joan Manuel Serrat, con música de Alberto Algueró. ‘Penélope’ puede interpretarse como una relectura del relato de los reyes de Ítaca, si bien con un final más triste que el del clásico de Homero. Doblemente triste, me atrevería a decir. Porque si, por un lado, interpretamos que el viajero de la canción es un Ulises que corre mil aventuras sin, en realidad, poner empeño en el regreso, la desolación es grande por la pobre Penélope cuya juventud se ha marchitado esperando al amado; y que a la hora del reencuentro, es incapaz de reconocer al hombre experimentado que regresa, esperando como espera a un muchacho, el que la dejó aguardando en un banco de la estación. Pero si, por el contrario, la prolongada ausencia del amor de Penélope no es intencionada sino que responde a fuerza mayor (se que resulta difícil, pero por una vez pensemos bien de este pobre hombre), la tristeza es doble, por ella y por él que además es consciente de la perdida que este desenlace supone para ambos.
Penélope - Joan Manuel Serrat
Con posterioridad a ‘Penélope’ se han escrito más canciones que tratan este mismo tema o uno parecido, pero da la impresión de ser todas herederas de esta genial obra y en algunos casos distorsionar o degenerar el mensaje de la misma tomando como principal lo que en el original podría ser accesorio. Esta distorsión consiste a mi parecer en tratar al personaje de Penélope como si estuviese loca. Pero no nos engañemos, Penélope no está loca, el que regresa, efectivamente, ya no es el que se fue. El tiempo y las experiencias vividas lo han cambiado de manera definitiva.
Así tenemos, y continuamos por riguroso orden cronológico, ‘La llamaban loca’ de José Luís Perales, popularizada por el grupo vocal Mocedades allá por el año 1982. No se ajusta tanto al patrón Penélope-Ulises que sirve de excusa para este texto, pero me he decidido a incluirla por dos razones. La primera porque el eje conductor de la historia es la mujer que aguarda el regreso de su amor (aunque aquí en realidad no queda del todo claro que se trate de un abandono al uso). Y segundo, porque como adelanta el título, aquí se habla claramente de la locura a la que le lleva la espera.
Pues bien, el resto de canciones están compuestas por una mezcla en distintas proporciones de ‘Penélope’ y ‘La llamaban loca’. Desde ‘Lady lady’ de 1984 que es descaradamente parecida al tema compuesto por Perales pero con una letra en ocasiones sonrojante. Hasta 'En el muelle de San Blas' (1997), que se aproxima más a ‘Penélope’ pero sin conseguir un final tan triste e introduciendo el factor locura. Pasando por ‘Naturaleza muerta’ (1991) de unos Mecano a los que se les estaban agotando las ideas (parecen querer repetir el patrón de ‘Hijo de la Luna’ de pretendida leyenda popular), y en la que sólo el personaje femenino responde al patrón que estamos planteando.
Con mayor o menor fortuna pasan todas estas composiciones por el tema de la espera del ser amado. Mención aparte merece la última de las canciones que se aproximan a la figura de Penélope. Se trata de ‘Cuando hay amor’ de Peña Suazo y la Banda Gorda (1999) en la que por fin Penélope se reencuentra con su amor y son felices y comen perdices. Enhorabuena a estos grandiosos artistas por dejarles vivir su amor como es debido.
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miércoles, 20 de enero de 2010
Michelle
Alguien dijo que The Beatles lo inventaron todo en el pop, incluso aquello de separarse en el mejor momento. A estas alturas de la película no voy a ser yo quien descubra nada nuevo sobre ellos, ni lo pretendo, y mucho menos de una canción tan radiada y oída por todos como ‘Michelle’. Pero quizá si pueda aportar un pequeño dato y mi opinión personal sobre la misma.
‘Michelle’ (tema incluido en el LP ‘Rubber Soul’ publicado a finales de 1965) es una balada, sin más pretensiones, pero con una letra, según mi parecer, deliciosamente sencilla. McCartney la comenzó a pergeñar tras escuchar ciertas canciones francesas en una fiesta. Pero no fue él quien le dio forma definitiva sino Lennon, aportando un contrapunto melancólico, influenciado por el blues, al optimismo o ligereza con que en principio acometió Paul este tema.
El uso de versos en francés, sugerencia de John, la acerca aun más si cabe a la canción francesa, el deje blues del que hablábamos antes que le confiere esa melancolía nada ajena a muchas de las canciones salidas de la factoría The Beatles, y la reiteración en los versos iniciales de todas las estrofas que transmite perfectamente el desespero por hacerse entender que tiene el protagonista de la canción para con esa Michelle, que es causante de sus desvelos, todo confiere sentido a esta canción, nada sobra.
Para los que aseguran categóricamente que la mejor forma de saber quien compuso una u otra canción dentro del tándem Lennon-McCartney es fijarse en quien la interpreta, nos encontramos con que ‘Michelle’ es un perfecto contraejemplo, porque si bien el intérprete es McCartney, en este tema, su aporte principal se encuentra en la letra, mientras que el peso compositivo de la música recayó en su mayor parte sobre John Lennon.
Abierto queda el eterno y aburrido debate de determinar cual de ellos tenía más talento. Desde mi punto de vista es una discusión estéril, puesto que lo que mejor funcionaba era la sociedad que esos talentos formaron. Por supuesto el asesinato de John Lennon a las puertas del Edificio Dakota lo convirtió automáticamente en mito y por ello, como ocurre con los grandes toreros que mueren en la plaza, en caballo ganador.
‘Michelle’ (tema incluido en el LP ‘Rubber Soul’ publicado a finales de 1965) es una balada, sin más pretensiones, pero con una letra, según mi parecer, deliciosamente sencilla. McCartney la comenzó a pergeñar tras escuchar ciertas canciones francesas en una fiesta. Pero no fue él quien le dio forma definitiva sino Lennon, aportando un contrapunto melancólico, influenciado por el blues, al optimismo o ligereza con que en principio acometió Paul este tema.
El uso de versos en francés, sugerencia de John, la acerca aun más si cabe a la canción francesa, el deje blues del que hablábamos antes que le confiere esa melancolía nada ajena a muchas de las canciones salidas de la factoría The Beatles, y la reiteración en los versos iniciales de todas las estrofas que transmite perfectamente el desespero por hacerse entender que tiene el protagonista de la canción para con esa Michelle, que es causante de sus desvelos, todo confiere sentido a esta canción, nada sobra.
Para los que aseguran categóricamente que la mejor forma de saber quien compuso una u otra canción dentro del tándem Lennon-McCartney es fijarse en quien la interpreta, nos encontramos con que ‘Michelle’ es un perfecto contraejemplo, porque si bien el intérprete es McCartney, en este tema, su aporte principal se encuentra en la letra, mientras que el peso compositivo de la música recayó en su mayor parte sobre John Lennon.
Abierto queda el eterno y aburrido debate de determinar cual de ellos tenía más talento. Desde mi punto de vista es una discusión estéril, puesto que lo que mejor funcionaba era la sociedad que esos talentos formaron. Por supuesto el asesinato de John Lennon a las puertas del Edificio Dakota lo convirtió automáticamente en mito y por ello, como ocurre con los grandes toreros que mueren en la plaza, en caballo ganador.
Michelle - The Beatles
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martes, 22 de diciembre de 2009
Estrellas, Sol y Luna
Hubo un tiempo en el que la música la hacían niños. Niños libres, divertidos, traviesos e irreverentes que ignoraban las más básicas normas de civismo y ¡ay! también el peligro que conllevaban alguno de sus juegos. Sus maldades no eran más que eso, juegos, y sus juegos algunas veces parecían perversos. Pero ahora, visto desde la distancia, todo nos parece tremendamente inocente.
Hubo un tiempo (y un lugar) en el que en la música todo era inconsciente y divertido, como los niños.
Pero los niños crecen y muchos se convirtieron en adolescentes insoportables, otros en viejos grises y aburridos… la vida pasa.
Hubo un tiempo en el que la música estaba hecha por niños, y, como niños que eran gustaban de los villancicos. Cada uno eligió su favorito para cantarlo, y eso hicieron. Todos esos villancicos fueron registrados en una grabación, convenientemente plastificada y distribuida bajo el nombre de ‘Navidades radiactivas’ (1982).
A ese disco pertenece este ‘Estrella, sol y luna’ interpretado, en el más amplio sentido de la palabra, por uno de esos niños: Poch, el único tal vez que no dejo jamás de serlo, un Peter Pan que en lugar de crecer se fue haciendo cada vez más niño hasta que un 18 de septiembre de 1998 volvió al limbo donde aguardan los no nacidos.
Hubo un tiempo (y un lugar) en el que en la música todo era inconsciente y divertido, como los niños.
Pero los niños crecen y muchos se convirtieron en adolescentes insoportables, otros en viejos grises y aburridos… la vida pasa.
Hubo un tiempo en el que la música estaba hecha por niños, y, como niños que eran gustaban de los villancicos. Cada uno eligió su favorito para cantarlo, y eso hicieron. Todos esos villancicos fueron registrados en una grabación, convenientemente plastificada y distribuida bajo el nombre de ‘Navidades radiactivas’ (1982).
A ese disco pertenece este ‘Estrella, sol y luna’ interpretado, en el más amplio sentido de la palabra, por uno de esos niños: Poch, el único tal vez que no dejo jamás de serlo, un Peter Pan que en lugar de crecer se fue haciendo cada vez más niño hasta que un 18 de septiembre de 1998 volvió al limbo donde aguardan los no nacidos.
Estrellas, Sol y Luna - Derribos Arias
jueves, 17 de diciembre de 2009
Muertos o algo mejor
Podríamos decir que la primera incursión dentro de la música de Christina Rosenvinge es en 'Ella y los Neumáticos' grupo en el que militaron (entre otros): Edi Clavo (posteriormente baterista de Gabinete Caligari) y Lars Mertanen (Décima Víctima). Christina vino a sustiruir a la cantante original del grupo, una compañera de facultad de Edi que abandonó poco después de grabar las primeras maquetas. De ellos se conserva alguna grabación anecdótica de baja calidad.
Después de esta pequeña aventura, se unió a Alex de la Nuez primero bajo el nombre de Magia Blanca, y posteriormente, tras la salida de Toti Árboles, como Alex y Christina, nombre con el que lograron un notorio éxito comercial con '¡Chas!, y aparezco a tu lado'. Se suponía que el proyecto iba orientado a realizar pop francés, pero la cosa fue tomando unos derroteros que nada tenían que ver con la idea que Christina Rosenvinge tenía en mente, por lo que finalmente el grupo se disolvió.
Tras ésto, Rosenvinge inicia una aventura con un grupo de amigos bajo el nombre de Christina y los Subterráneos. Estamos hablando ya de 1991, hasta ese momento apenas se había escuchado rock realizado por mujeres en este pais, por lo que su propuesta supone una novedad, novedad que alcanza un notable exito de crítica y público. Hasta entonces la intervención de las mujeres dentro del rock&roll patrio se limitaba en la mayoría de los ocasiones a la interpretación vocal, pero en el caso de Christina, ya desde su primer LP con los Subterraneos 'Que me parta un rayo' la totalidad de las canciones vienen firmadas por ella.
Bajo esta denominación de Christina y los Subterraneos saca otro álbum más 'Mi pequeño animal' (1994), para pasar a partir de entonces a firmar los trabajos con su propio nombre. 'Muertos o algo mejor' pertenece al segundo de estos trabajos, un disco que fue publicado en 1998 bajo el nombre de 'Flores raras'. Es en esta etapa de su carrera musical cuando se muestra la verdadera Christina Rosenvinge, pues si bien con los Subterráneos las canciones estaban compuestas por ella, se encontraba oculta bajo una pretendida coraza de rockera, de chica dura que nada tiene que ver con la vulnerabilidad que muestra en posteriores trabajos.
Tuve la oportunidad por aquel entonces (1997) de asistir a un concierto acústico de Christina Rosenvinge en el teatro de la Escuela de Ingenieros Técnicos y quedé maravillado. Apenas conocía nada de su trayectoria tras los discos con los Subterráneos, lo cual hizo aun más intensa la experiencia, puesto que cada canción que interpretaba era completemante nueva para mi. Esto, por otra parte se supone que es lo habitual en los conciertos de presentación (de ahí el nombre que reciben) pero yo nunca había estado en ninguno en el que no me supiese perfectamente todas y cada una de las canciones...
Me gusta mucho la forma de escribir de Christina Rosenvinge, como utiliza los clichés de las películas clásicas del cine americano con una facilidad asomborsa y sin rubor... "y este idiota se piensa que puede llamarme muñeca, soy capaz de jugar al ping-pong en su cabeza hueca..."
Después de esta pequeña aventura, se unió a Alex de la Nuez primero bajo el nombre de Magia Blanca, y posteriormente, tras la salida de Toti Árboles, como Alex y Christina, nombre con el que lograron un notorio éxito comercial con '¡Chas!, y aparezco a tu lado'. Se suponía que el proyecto iba orientado a realizar pop francés, pero la cosa fue tomando unos derroteros que nada tenían que ver con la idea que Christina Rosenvinge tenía en mente, por lo que finalmente el grupo se disolvió.
Tras ésto, Rosenvinge inicia una aventura con un grupo de amigos bajo el nombre de Christina y los Subterráneos. Estamos hablando ya de 1991, hasta ese momento apenas se había escuchado rock realizado por mujeres en este pais, por lo que su propuesta supone una novedad, novedad que alcanza un notable exito de crítica y público. Hasta entonces la intervención de las mujeres dentro del rock&roll patrio se limitaba en la mayoría de los ocasiones a la interpretación vocal, pero en el caso de Christina, ya desde su primer LP con los Subterraneos 'Que me parta un rayo' la totalidad de las canciones vienen firmadas por ella.
Bajo esta denominación de Christina y los Subterraneos saca otro álbum más 'Mi pequeño animal' (1994), para pasar a partir de entonces a firmar los trabajos con su propio nombre. 'Muertos o algo mejor' pertenece al segundo de estos trabajos, un disco que fue publicado en 1998 bajo el nombre de 'Flores raras'. Es en esta etapa de su carrera musical cuando se muestra la verdadera Christina Rosenvinge, pues si bien con los Subterráneos las canciones estaban compuestas por ella, se encontraba oculta bajo una pretendida coraza de rockera, de chica dura que nada tiene que ver con la vulnerabilidad que muestra en posteriores trabajos.
Tuve la oportunidad por aquel entonces (1997) de asistir a un concierto acústico de Christina Rosenvinge en el teatro de la Escuela de Ingenieros Técnicos y quedé maravillado. Apenas conocía nada de su trayectoria tras los discos con los Subterráneos, lo cual hizo aun más intensa la experiencia, puesto que cada canción que interpretaba era completemante nueva para mi. Esto, por otra parte se supone que es lo habitual en los conciertos de presentación (de ahí el nombre que reciben) pero yo nunca había estado en ninguno en el que no me supiese perfectamente todas y cada una de las canciones...
Me gusta mucho la forma de escribir de Christina Rosenvinge, como utiliza los clichés de las películas clásicas del cine americano con una facilidad asomborsa y sin rubor... "y este idiota se piensa que puede llamarme muñeca, soy capaz de jugar al ping-pong en su cabeza hueca..."
Muertos o algo mejor - Christina Rosenvinge
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martes, 1 de diciembre de 2009
Blue Moon
Antes compraba muchos discos, primero en vinilo (unos cuantos), después en CD (muchos más). Compraba lo último de los que me gustaban (unos pocos) y compraba recopilaciones y serie media (discos baratos) como forma de investigación musical. Una de esas recopilaciones era un CD de rock&roll americano de los años 60 editado por un sello llamado Dog&Roll y que venía en una lata (parecida a las que se utilizan para lo rollos de celuloide). Compré dos de esos discos, traían canciones en común, pero cumplieron perfectamente su propósito: darme a conocer un poco más a los grandes clásicos del rock&roll, del rythm&blues y del doo-wop de finales de los 50 y primeros 60.
Una de esas canciones, repetidas en ambos recopilatorios, era la versión que The Marcels hicieran del tema de Richard Rodgers y Lorenz Hart ‘Blue Moon’ (1934). Esta canción ha conocido multitud de versiones a cargo de artistas de toda índole, sin embargo el acercamiento que realizaron esta banda eminentemente vocal desde el doo-wop me resultó de lo más interesante, máxime cuando la mayoría de versiones que había y he oído de ella son baladas o a lo sumo medios tiempos (al fin y al cabo se trata ya de un estándar).
No se mucho de la trayectoria artística de The Marcels, salvo que este 'Blue Moon' fue tal vez su mayor éxito y que su más reciente reunión fue en 1999 (40 años después de que se formase la agrupación) en un especial televisivo dedicado al doo-wop de los 50.
Una de esas canciones, repetidas en ambos recopilatorios, era la versión que The Marcels hicieran del tema de Richard Rodgers y Lorenz Hart ‘Blue Moon’ (1934). Esta canción ha conocido multitud de versiones a cargo de artistas de toda índole, sin embargo el acercamiento que realizaron esta banda eminentemente vocal desde el doo-wop me resultó de lo más interesante, máxime cuando la mayoría de versiones que había y he oído de ella son baladas o a lo sumo medios tiempos (al fin y al cabo se trata ya de un estándar).
No se mucho de la trayectoria artística de The Marcels, salvo que este 'Blue Moon' fue tal vez su mayor éxito y que su más reciente reunión fue en 1999 (40 años después de que se formase la agrupación) en un especial televisivo dedicado al doo-wop de los 50.
Todo un clásico de la música vocal americana de los años 50/60, un prodigio de voces que se entremezclan y complementan, espero que disfruten con este tema: ‘Blue Moon’ a cargo de The Marcels.
Blue Moon - The Marcels
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